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morethanwords

Antropofobia.

Midamos las palabras en descendiente y que gane el peor.

 

He visto desgarrarse mis sentidos por un solo recuerdo

y he tirado de todas las teorías posibles para seguir creyendo

en la mezcla de todos los colores.

Hay alguien observando al borde del abismo,

y me va prestando la voz para todos los encantos muertos.

Hay veces que sólo quiero respirar hundida en alquitrán.

Nadie me sigue, 

y en la más espesa luz, el letargo me invade,

obligándome a seguir en este reclutamiento obligatorio

para modelar el único trozo de piel que muestro al mundo.

 

23.9.11

Rehabilitación.

Podría sonreírle a la puerta de la calle por simple inercia,

pero estoy intentando cambiar mis malas costumbres.

 

18.9.11

Fisión binaria.

Por querer siempre lo que no se tiene me di de frente con la vida.

Sigo anhelando a quien se ha ido y a quien no termina de llegar.

 

30.8.11/16.9.11

Espacio interior.

Antes de que chocasen las estrellas

y la manzana fuera manzana,

mucho antes, 

yo ya soñaba con estar aquí.

Antes de que ningún hombre dijera mi nombre

y de que las sombras formasen su obsesión persecutoria,

aun antes de que las musas fueran diez,

mis manos ya soñaban con escupir tinta y palabras

avocadas a las páginas más versátiles,

que paren estrías en lugar de besos,

que plastifican los huecos que el resto quieren olvidar.

Y después de que mi yo fuera verbo obviando el parecer,

una nueva colisión se muerde el desconcierto,

apretando los dientes contra el suelo ramificado de 

pasiones venideras atontadas 

que siempre piensan por llegar a más sin contar con el mundo externo.

...desde que supo que era redondo, no ha vuelto a girar en el hemisferio correcto.

 

15.7.11

¡Indignaos!

Habla el desarraigo por sí solo

mostrando como un cuento sus no virtudes a las nuevas generaciones.

La alerta roja es ya un constante en la conciencia

y se muestra acogedora ante los ojos inyectados en ira persistente.

Los pájaros en la acera cantan cuando sus restos ya no valen nada.

Una nada irregular que arrulla todo

hasta que el mundo se siente huérfano de valores y razones 

para mirar a cualquier lado.

Pero ahí sigue su ombligo,

el epicentro de placer individual, según aprende de los diablos más viejos que,

a su vez, dejan que sean los novatos quienes pinten su trayecto.

 

Una última mentira por querer salvar el alma

y las espinas queman el contraro de reedificación terrenal.

No hay quien se salve,

y si se salva, se encierra,

para no dejar huella de lo que tomo prestado de la cordura lineal.

 

7.7.11

Electroviral.

Atragantado el presente pasado entre los lazos del nuevo concepto,

faltan razones argumentadas para cualquier movimiento que

escape de la almohada.

Gritos. Llantos. Calma.

Calma. Inercia. Desencanto.

Desánimo por los terrenos pisados 

con una fuerza similar a la de una hormiga que siente su vida amenazada.

Este músculo no entiende qué le dan para correr de ese modo.

Y luego, sigue corriendo.

Mientras tanto, en el norte cercano, 

se alborotan las constantes,

suplicantes por el ya asimilado retiro de las sustancias nocivas que

no salen de su propio cuerpo.

Impulsos eléctricamente siniestros.

Amanecer a las seis con la garganta en el pecho.

 

19.6.11

Arquetipos.

El Olimpo a mis pies se muestra menos dionisíaco de lo que prometieron los

tiempos y acertó a ver el oráculo,

demasiado vidente para este ambiente repleto de humo.

Los dioses se postran en la tierra con las esperanzas puestas

en aquellos que mueren cien veces antes de nacer.

Pero nadie escucha.

Nadie advierte que quienes los despojaron

son los mismos que ahora intentan calzar sus hábitos,

con barro en los bajos y pájaros carroñeros en el punto más alto de la sien.

Sus sueños vacíos,

sus esperanzas simples movimientos que no soportan ningún templo,

sus pies descalzos han quemado el asfalto y

todos piensan cómo se podrían igualar.

Todos al unísono cansado del mismo aire intoxicado

y de los colores combinados para que no sobresalgan

sobre la primera clase estamental.

 

18.6.11

Más que palabras.

Escribo porque el mundo es sordo cuando pasa por delante

un cuerpo con alma que quiere devastar las lunas establecidas.

Escribo porque a veces se me olvida hablar.

Escribo para salvar a los caballos, 

los pozos y los olmos

con mi delicada y pobre dialéctica engordada con piensos de escuela

y pasto de anticuario. 

Escribo porque soy mortal

y vivo de palabras ajenas.

Escribo para resucitar a los poetas inmortales

que mecen sus cabellos entre mis hombros elogiando al sol.

Escribo porque la luz me quema

y la penumbra también,

y sólo calman mis heridas los ritmos ocultos entre tanta floritura.

Escribo porque no quiero olvidar cómo se calla ni cómo se bendice.

 

Escribo cuando quiero ofrecer más de lo permitido 

en una sociedad que reduce los himnos a cánticos de victoria estival.

 

16.6.11

En estado de espera (II).

Sangre comprimida en una cápsula de éxtasis atemporal.

El letargo ha recaudado tantas espectativas de oxígeno que

se van perpetuando entre los pentagramas sostenidos del recuerdo

y una canción que cuenta cómo se sucederán los hechos que nos desgasten.

Y no pensar más allá de las fronteras que delimitan los párpados,

y negociar con las letras que buscan hacer libres

todo lo políticamente correcto,

lo que nace de yermos sueños,

lo enredado en la comisura de los dedos que rezan a orillas de las cuerdas.

Establecimiento sin premeditación

en el espacio contrapuesto del tiempo.

 

30.5.11

Estado de espera.

Pájaros desbocados al unísono del humo de un cigarro

y las nubes corriendo más que dios.

Tráete la botella a la vuelta de aquella batalla que no se jugó en la tierra,

deja que el tiempo se siga quedando en las rendijas de los zapatos.

¿Quieres testigos? 

Saltemos desde un ciprés en mitad de la noche estrellada.

Ahora que los bandoleros duermen alejados de las rejas y las tejas.

Ahora que si las canciones no hablan de amor es por modestia

poseída entre tanto tráfico de sinsentido.

 

26.5.11

Live Forever.

Que no me falte el vicio de ser humana ni la subjetividad adyacente.

 

8.5.11

Conformismo.

El tirante paso cosido de una manada de bípedos

en mitad de la selva asfaltada.

La calma sin tormentos

y las tomentas lentas elevadas al estatus de desgracia.

Muertos sobre el suelo.

Soledad que se mastica eterna con cada conversación vacía de argumentos.

El estallido de una conciencia atada 

entre el sol que quema hasta en invierno y

trajes costumbristas como única razón 

para amenizar la rutina del desencuentro.

Caballos y lagartos sin ciudad,

ni tiempo,

ni versos que los invoquen,

ni ganas de hacerlo.

Y en el frente, el mismo paisaje para todos los sentimientos.

La soga se ha quedado sin esperanzas de

cuellos esbeltos rodeados de ideales que se esfuercen por ser credo.

 

7.5.11

Reflejo de una sombra caduca.

Causalidad de estar aun aquí y no haber cedido al romanticismo espontáneo. 

Puedo siluetear con un dedo al horizonte

los paisajes más barrocos que las mentes limitadas puedan concebir. 

 

28.4.11

De lo no divino.

De un todo a un nada en el tiempo que 

se tarda en coger aire para afrontar la realidad.

La capa caída sobre las piernas

y las cicatrices en la cara.

Momentáneo destello preliminar de un evangelio apócrifo, 

tartamudo,

sumergido en serpientes y ratones con intenciones sagradas

para limpiar la conciencia de los cantamañanas.

Se recogijan en sus hilos los estereotipos samaniegos.

La noción del tiempo enclaustrada

entre cristales pulidos por el miedo.

 

18.4.11

Gris plata.

Cuantas voces sin nombre se aglutinan en

cúmulos y nimbos y esbirros

y se desasosiegan de destierro a ciudades plagadas

de animales jactanciosos de su capacidad de hablar,

sin argumentos, de todo lo que esta perfectamente perfilado.

Cuantas tareas permanecerán en el olvido de

quien se las encontró hechas y,

por temor a la tierra, las cargarán a sus espaldas

con cintas colmadas de medallas 

color rojo y violeta.

El alquitrán desparramado por el 

verde reluciente de las ideas,

crea estrellas deformes que sólo ven de día lo que

el resto de cuerpos inertes imaginan en sus sillones de esparto.

Sin sangre y sin canciones se traspapelan los mandatos, irónicos,

convertidos a cualquier religión que grita, enfática,

por un poco más de infidelidad.

 

15.4.11

Calabobo.

Cuerpo y alma hermoseados de primavera.

Al servicio del desacato se postran las sombras canónigas

entre la falta de arraigo social.

Cuerpo para llegar más allá de todos los mares y

alma para firmar con otros pensamientos escondidos

en ladrillos blancos

pintados entre el tumulto que

destacarán por su impaciencia y 

el sentido estricto de la no normalidad.

Descuidar la espera, razonar lo incierto,

apostarlo todo al día de hoy dentro de mil años.

Gangrenar los versos de tanto usarlos.

Convertirlos en Aquiles cojos cuando describan el mundo

encerrado en lo utópico de mi propio amor, inexistente,

por lo lascivo,

por lo demasiado humano,

por un dios terrenal.

 

11.4.11

Demons at bay.

Cargados de balas vienen los ángeles, 

desterrados por epicúreos, a reforzar los cimientos

de las almas pasadas de fundamentación.

Cargados de armas, con paños de fuego, 

para las lágrimas con piel de serpiente.

Al norte han quedado colocados los deseos de humillación,

enterrados en ciénagas vacías

debajo de Catedrales sin estilo predeterminado y

sin intención de utilidad.

 

Cargados de pólvora suben los ángeles a nuestra planta,

con bombines de celebración para esquivar 

los temas realmente importantes.

Tarde sangrienta en la casa de Arlequín.

Primavera otoñada

tatuada en las pestañas excesivamente disfrazadas.

 

8.4.11

Renacimiento convexo.

El miedo se esconde de su propio miedo 

tras las parábolas antagónicamente desheredadas de veracidad.

La plenitud de lo escrito,

en una servilleta usada, 

cobra el valor para salir volando hasta otros brazos,

igualmente artísticos,

como tallados por un humanista que renunció a su vida

por ponerla al servicio de la piedra.

La paciencia se revuelca en almidón 

para soportar mejor la ausencia de frío. 

Y la sutileza de los movimientos barrocos

disfruta de la embriaguez aplaudida por un Baco desintoxicado

para poder vivir en sociedad.

El espejo se va deformando:

el reflejo cada vez muestra con menos gracia y más explícito

la silueta de la realidad que espera al futuro

para efectuar su acto final.

 

7.4.11

Ocho.

Encapotados, pasean su pena los recuerdos

acordados como pilares para los restos.

Y entre lamento y lamento,

flotan bailes estivales de

complicidad cósmica.

Los años corren para atrás en sus mejillas

mientras las mías, aprenden a fuerza de supervivencia

a  ser imagen de su legado,

fielmente asentado,

por haber sido un humano de los que

ya casi no quedan. 

Como esas Olivettis verde aceituna que,

por cada seis letras pulsadas,

gritan su nombre cien veces

antes de haber podido recoger tinta suficiente

para enviarle los versos de una ausencia amarrada.

 

Con luz blanca hablan sus costumbres.

Y los perros callejeros duermen,

cantándole a la luna una copla de pie quebrado

que ni los caballos que le llevaron

son capaces de olvidar.

 

 

6.4.11

LXIII

"Allegro, ma non troppo"

 

Despacio. Como pinceladas de un cuadro impresionista,

como una rozadura que termina siendo parte de la piel,

como el tiempo que se tarda en ser persona.

 

Rápido, pero no mucho. Como los movimientos pausados

que hacen que salten chispas de algo invisible,

como se consume una cerilla dentro de la boca,

como se van atrofiando mis manos,

como un ritmo de doce por ocho dentro de un blues.

 

Algo intermedio en el extremo inacabado.

Intangible y dador de gas.

Escondido entre las líneas de pupilas dilatadas

y pétalos de aire.

Saboteador de esquemas asumidos

tras milenios de acero en la garganta.

Y alquitran en los pies.

Y paseos de tres minutos. Y carreras de por vida.

 

( 18.2.11)